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vacio 30 Aniversario Peine del Viento
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"En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del monte Igeldo. Allí instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar. Treinta años después, Donostia-San Sebastián celebra el aniversario de este espacio mágico, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje”.

 

El Museo Chillida-Leku , las principales instituciones de Euskadi ( Ayuntamiento de Hernani, Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa y Gobierno Vasco) y distintas entidades culturales vascas, están cerrando la programación de actividades en torno al peine del Viento que se desarrollarán durante 2007 y que contarán con exposiciones, conferencias, conciertos y espectáculos, rutas guiadas y actividades educativas.

 

 

Julio 08

 

Madera

 

Eduardo Chillida hizo su primera escultura de madera Ilarik- estela funeraria- en el año 1954. En comparación con otros materiales, el escultor no realizo muchas obras en madera, aunque no por ello es menor la importancia de este material ya que le sirvió para evolucionar en su concepción del espacio y la materia, de lo ligero y lo pesado.

 

Eduardo Chillida definió la madera como “viejo material de los vascos” y prefirió sobre todo el roble. Un ejemplo de ese uso tradicional al que se refiere el artista vasco, lo tenemos en el mismo caserío Zabalaga. Eduardo Chillida trabajó junto con el arquitecto Joaquín Montero para sacar a la luz lo esencial de este edificio. Tras un cuidadoso proceso de vaciado, similar al que observamos en sus esculturas, la estructura de vigas y pilares de madera, muchos de ellos de gran antigüedad, quedaron a la vista.

 

En un principio, experimentó con materiales de desecho provenientes de edificios antiguos. Él destacaba que su labor no era la de tallista sino la de “constructor”. En este sentido, trabajó ensamblando piezas para lograr esculturas monumentales como Abesti gogorra- “Canto fuerte” (en la imagen).

 

La mayoría de las obras datan de los años 60 y podemos incluirlas en tres tipologías simplificando mucho: esa primera Ilarik o los Yunques de Sueños, presentan dos partes bien diferenciadas; la madera se combina en ocasiones con hierro, sirviéndole a este de una suerte de pedestal integrado en la escultura.

 

Otro grupo de esculturas lo forman los Abesti gogorra en las que el artista ensambla distintos maderos para jugar con los conceptos de pesado y ligero en un intento de revelarse contra la ley de la gravedad. Son esculturas muy relacionadas con la música, tal y como se desprende de su título.

 

En el tercer grupo, del que contamos con algunos ejemplos en la exposición permanente del museo, podríamos incluir los relieves. A partir de un taco de gran grosor, Eduardo Chillida realiza un vaciado y crea en positivo formas geométricas. De esta manera invierte el problema espacio-materia que ya había tratado con el hierro: en las primeras obras de hierro, el espacio que sostenía la escultura era lo más importante; con la madera, la escultura en sí, la materia tiene el mayor peso.

 

Por último, no podemos olvidar que la madera tuvo otro uso muy importante en la obra gráfica de Eduardo Chillida, en concreto en las xilografías. La técnica xilográfica utiliza la madera para realizar imprimaciones sobre el papel. El artista graba el motivo sobre el taco de madera y, tras impregnarlo en tinta, ejerce presión sobre el papel con la ayuda de una prensa. Chillida experimentó también esta técnica sin tinta, transfiriendo el relieve del taco al papel.

 

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