Eduardo Chillida trabajó a partir de los años 60 con alabastro. El detonante fue un viaje a Grecia. La escultura griega sido ya en el principio de su carrera en los años 40 una referencia. Referencia que abandonó intencionadamente tras una crisis personal y creativa para elaborar un lenguaje propio, más vinculado a sus raíces vascas, a través del empleo del hierro. En este nuevo contacto con Grecia en los años 60 contempló con fascinación los templos clásicos donde la blanquísima luz del mediterráneo era un elemento más de la arquitectura, gracias al empleo del mármol que la reflejaba.
El escultor vasco quiso incorporar también la luz a su escultura, en su caso, la del cantábrico, más oscura, y que él denominaba “luz negra”. Para ello esta piedra era el material idóneo: “El alabastro es un material en el que puedes conseguir que la luz se manifieste en las aristas de una manera increíble. Es el único material que tiene esa virtud”.
El alabastro es una piedra de la familia del yeso que se caracteriza por ser muy blanda; incluso se puede rayar con la uña. Por eso las esculturas de este material se conservan a resguardo en el caserío y no se permite tocarlas. Dentro del caserío puede ver distintas piezas; las identificará con facilidad: los hay de distintos colores, desde el blanco hasta el gris, pasando por el amarillo o el rosa, pero todas con una característica común: la translucidez. En el exterior del museo puede encontrar también algunos bloques de este material en bruto que sí puede tocar.
El alabastro es translúcido, es decir, deja pasar la luz. Mire a su alrededor y podrá ver otros elementos dentro del caserío que no son esculturas y en los que se emplea el alabastro ¿los encuentra? Efectivamente podrá encontrarlo en las ventanas. El empleo en las ventanas de láminas finas de alabastro, es muy habitual en las iglesias de la zona de Aragón, donde este material es abundante y de donde provenía habitualmente el empleado por Eduardo Chillida.
La primera escultura en este material data de 1964 y fue un relieve sobre una plancha de alabastro. Pronto se ve en la obra del artista una evolución hacia un tratamiento más arquitectónico del espacio. Muchas de las esculturas de alabastro parten de un único bloque que conserva en ocasiones la rugosidad natural en el exterior. Ese exterior contrasta con un interior muy trabajado, muchas veces pulimentado dando lugar a superficies lisas, en las que se distinguen las betas naturales del material. Eduardo Chillida dijo: “la piedra es el universo del que parto. Trabajo su interior y creo en ella un espacio de relación al universo”.Son esculturas vivas y cambiantes en función de la intensidad y la dirección de la luz.
Muchas veces excava la piedra crea espacios que nos pueden recordar a cuevas o a casas con ventanas o chimeneas por las que pasa la luz. Es el caso por ejemplo de las más de veinte esculturas de la serie “Elogio de la luz” u otra serie con un título tan significativo como es el “Elogio de la arquitectura”.
Otras veces, en la serie “Homenaje al mar” es como si profundizara en un relieve, a distintos niveles, con formas curvas que recuerdan a las olas del mar. Las formas talladas se conjugan con la luz que penetra por las galerías, provocando un interesante juego de luces y sombras y de tonalidades a consecuencia de las betas naturales. Son importantes en este material también las series “Gurutz” (Cruz, se puede ver en la imagen) que nos remiten al contenido espiritual de la obra de Chillida o los homenajes a artistas como Kandinsky o Goethe.