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vacio 30 Aniversario Peine del Viento
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"En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del monte Igeldo. Allí instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar. Treinta años después, Donostia-San Sebastián celebra el aniversario de este espacio mágico, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje”.

 

El Museo Chillida-Leku , las principales instituciones de Euskadi ( Ayuntamiento de Hernani, Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa y Gobierno Vasco) y distintas entidades culturales vascas, están cerrando la programación de actividades en torno al peine del Viento que se desarrollarán durante 2007 y que contarán con exposiciones, conferencias, conciertos y espectáculos, rutas guiadas y actividades educativas.

 

 

Febrero - Marzo 08

Papel

 

En la obra de Eduardo Chillida, los trabajos sobre papel no son una simple añadidura a la escultura; ellos constituyen un territorio autónomo de la creación en el que el artista no se manifiesta menos inspirado y soberano que en el de la escultura.

 

Cada lugar que visita le brinda ocasiones de conocer distintos papeles. Aunque lo combina con la tinta china y el lápiz, el papel sin mácula tiene una importancia eminente en la obra. De ahí el constante interés por su textura. El papel que prefiere, es uno de uso corriente y lo menos manipulado posible, apartado de sofisticación y artificialidades, como el papel Kraft, el papel de cocina, el papel japonés, los papeles hechos a mano...

 

Los temas de los trabajos sobre papel, son ya desde los primeros dibujos, como bien ha señalado Hohl, “...el vehículo, el medio de manifestar una presencia espacial bidimensional, incorpórea, aperspectívica. Ciertamente, a Chillida le sirven estos objetos-temas como vehículos para otra cosa, no es su representación tradicional lo que intenta llevar al papel, sino algo nuevo que ven sus ojos, unas relaciones espaciales distintas. Mas esto no quiere decir (...) que las reduzca al informalismo, a lo perspectivo y bidimensional: en el papel trabajado por chillida estalla una dimensionalidad nueva, no informal sino informadora de una nueva visión”.

 

El asalto del espacio y la determinación del espacio son desde el inicio de los años cincuenta el propósito de la realización escultórica, y también el espiritu de los dibujos del mismo período. En ellos, sus incisivos trazos de lápiz o tinta; no describen la profundidad espacial en lo bidimensional, sino que cada trazo es un empuje que suscita el espacio. Esta voluntad hace que sus figuras cobren relieve, introduciendo algún recorte en sus papeles, más presentes en los collages y gravitaciones.

 

Los primeros collages de 1952 y 1953, son ya en relieve sobre el fondo, están en relación natural con la escultura, ante todo con ciertos relieves. De éstos nacen hacia 1957 los nuevos collages que corresponden igualmente a nuevos temas escultóricos.

 

De igual forma cobran vida las Gravitaciones, tal como las describe Jacques Dupin “Sobre el papel, el caos se corrige a navajazos. Es la ley de las Gravitaciones. Chillida escoge las hojas... Dispone la primera, superpone la segunda, le tercera. Y entonces recorta, ahueca, cala, descuelga. Prolonga un vado con un trazo de tinta al pincel. Abre huecos. Colma, sustrae, yuxtapone, arquitectoniza. Da ritmo a la forma estratificada, foliada.... Hojas libres y gravitantes, pero si uno quiere que se levanten juntas... Las amarra de un hilo discreto que las recorre y las ata, atrás de la cortina, y las aligera todavía más de su ligereza. Un hilo que entra en el juego, baila con el recorte del papel, el negro de la tinta, el borde deshilachado. (...)”

 

En los últimos años, Eduardo Chillida emplea una nueva técnica que corresponde en la escultura a la estructura con múltiples brazos de la Modulación en el espacio: el dibujo a tinta con pincel ancho. Tales dibujos, cuyas partes son a veces separadas para ser reunidas a la manera de los collages, son cada vez más numerosos. Al mismo tiempo, se desarrolla la obra gráfica impresa, grabados que retoman los temas de los dibujos al trazado lineal, aguatintas que se emparentan con los dibujos a tinta, litografías que traducen el peso formal de los collages en un nuevo médium. Estas técnicas gráficas han permitido la ilustración de textos poéticos (André Frénand, Max Holzer) y filosóficos (Martin Heidegger).

 

En definitiva, los dibujos poseen tanto como las esculturas el porvenir artístico de Chillida. También estas obras (por supuesto, menos espectaculares) provocan una impresión tan grande y tan pura. Al contemplar los dibujos al pincel, los collages y los trabajos gráficos, sentimos una emoción análoga a la que experimentamos ante una de las esculturas monumentales de Chillida, cuya forma, toda grandeza y violencia salvaje, permanece retenida sin la menor arrogancia o énfasis. Ella no es ni una forma corporal cerrada sobre sí misma que se afirma en su aislamiento, ni una explosiva forma voluntaria que rechaza todo lo que le rodea. Ella sabe ser mesurada, aún expresando la fuerza vital elemental y la sensualidad irradiante. Pues ella se relaciona desde el principio con el elemento antagonista, con el espacio en el que se despliega, con el mundo en el que participa.

 

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