En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del monte Igeldo. Allí instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar. Treinta años después, Donostia-San Sebastián celebra el aniversario de este espacio mágico, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje. Este aniversario es un homenaje y una inauguración al mismo tiempo, dado que en su momento no llegó a ser inaugurado oficialmente.
Desde la iniciativa de las Instituciones, Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa y Gobierno Vasco, múltiples sectores de la sociedad han querido participar en este homenaje. La coordinación ha corrido a cargo del equipo del Museo Chillida-Leku, que ha facilitado la información necesaria a quien ha querido participar.