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"Lo que es de uno es casi de nadie”

 

La obra pública de Eduardo Chillida juega un papel fundamental en su trayectoria artística. Lo confirma la existencia de un total de 43 esculturas repartidas por diferentes ciudades del mundo. Uno de los países con mayor obra del escultor es sin duda Alemania, en cuya capital descansa Berlín, un colosal homenaje a la reunificación alemana. Las grandes esculturas urbanas de Eduardo Chillida son una culminación de su proceso artístico, donde la ubicación de la obra juega un papel imprescindible. Las esculturas se erigen en armonía con su entorno, cobrando sentido en función del paisaje. Un claro ejemplo de este hecho es su obra predilecta,  el Peine del Viento en San Sebastián, tres piezas para la contemplación, que se relacionan directamente con la mar, las rocas y el horizonte desconocido. Para Eduardo Chillida, todos somos propietarios de la obra de arte desde el momento presente en el que estamos delante de ella, nos enfrenta a nosotros mismos y a la relación con nuestro entorno trasladándonos de esta forma sus dudas y preguntas ante lo desconocido. Por otra parte, sus esculturas públicas son lugares de encuentro, espacios para el diálogo y la convivencia, la culminación de ese pensamiento hubiese sido la realización de su gran sueño, el proyecto Tindaya. Chillida quería crear en el interior de una montaña en la isla de Fuerteventura un gran espacio para todos los hombres de todas las razas y creencias, un lugar donde nos sentiríamos todos iguales frente a la inmensidad del espacio.

 

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